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MI TIEMPO ENTRE COSTURAS

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Para este articulo he versionado el título de la novela de María Dueñas “El tiempo entre costuras” porque parte de mi trabajo se desarrolla ahí, entre costuras, y porque se asemeja también en algo más. El argumento de la novela se desarrolla durante la guerra civil española, y mi trabajo también es una guerra.

Restaurar es librar batallas contra el deterioro, los desperfectos, la desintegración y la desaparición de los libros como objetos. Se necesita una estrategia para abordar el trabajo de la manera más eficaz; se necesita tiempo, a veces demasiado; y se necesitan diferentes “armas” —aunque en este oficio se llamen herramientas—, entre ellas, la más antigua de todas: la aguja de coser que existe desde hace 22.000 años, hechas de hueso o marfil como demuestran las halladas en yacimientos.

Las nuestras, son de acero, rectas o curvas, grandes o pequeñas, y las utilizamos para coser cuadernillos de pergamino o papel, nervios de cuerda o piel, y cabezadas, partes fundamentales en la composición del libro, que en definitiva no es más que la unión de varios cuadernillos protegidos por unas cubiertas rígidas o flexibles, forradas de piel, tela, papel o la combinación de estos materiales.

Descrito así parece muy sencillo, pero no es todo “coser y cantar”. Hay que calibrar el grosor del cuadernillo y poner el hilo adecuado, para que el lomo sea un tercio más grueso que el corte anterior, no más y no menos, a fin de poder redondear y sacar los cajos (rebajes donde encajan las cubiertas) y que el lomo no se deforme.

Ya tenemos el hilo correcto y podemos empezar a coser ¿De cualquier manera? ¡Pues no! Hay muchos tipos de costura específicas para cada circunstancia. Yo suelo utilizar las llamadas “a la española” cuando se encuentra un hilo que mida 1/3 o 1/4 del grosor del cuadernillo.

Si los cuadernillos son muchos y finos se deben coser “a la francesa” porque con una sola hebra se unen a la vez dos cuadernillos, evitando así que nos pasemos del porcentaje correcto que debe tener el lomo, pues los cuadernillos así cosidos ocupan la mitad del grosor del hilo que se utiliza.

A diente de perro” es la mejor manera de coser hojas sueltas, primero las cosemos formando cuadernillos, y después los cuadernillos así formados se cosen entre sí.

La “puntada larga”, también llamada “cosido de archivo” consiste en una forma de unir los cuadernillos por el exterior y de forma recta. En algunos casos pueden ser reforzadas con tiras de cuero, o decoradas con otro tipo de puntadas. Se utilizaron sobre todo en las encuadernaciones mudéjares de pergamino.

Muy utilizado en la Edad Media, el cosido “con cordeles”, también llamado “a la greca”, o “con nervios vistos” consiste en dejar los cordeles en el exterior a modo de nervios.

Por último, utilizo la costura “con cintas” principalmente para libros que tienen que abrir perfectamente en su totalidad, como pueden ser los atlas, libros de consulta, etc. Consiste en coser los cuadernillos con cintas de algodón.

Una vez que los cuadernillos se han cosido de la manera más apropiada para que el libro esté equilibrado, tenemos que añadirle las cubiertas. Parece ser que en origen fueron las cabezadas las encargadas de hacerlo, colocando una tira de piel (alma) perpendicularmente a los pliegues de los cuadernillos ya cosidos, cosiéndolos a su vez en la cabeza y el pie del libro. Lo que sobresale del núcleo de piel es lo que se une a las cubiertas que previamente se han perforado.

Estas cabezadas han sufrido muchas variaciones de estilo y han perdido su funcionalidad original de sujeción de las cubiertas, en favor de la decoración y protección de las zonas más expuestas del lomo. Hay infinidad de formas, colores y materiales siendo una de las partes del libro, junto con la decoración de las cubiertas y los cortes, que permiten dar rienda suelta a la creatividad.

Las cabezadas en realidad son los nervios de los extremos de un libro, los nervios del principio y del final del lomo.

Los nervios refuerzan y dan consistencia a los cuadernillos. Pueden ser de bramante (hilo gordo o cuerda fina hecha de cáñamo), de piel, dobles, sencillos. Como curiosidad, cuando ahora nos esmeramos en pegar tiras de cartón que cubrimos de piel, simulando que son nervios, lo que hacemos es perpetuar los nervios antiguos que se hacían con cordeles gruesos y se veían al exterior, o se notaban en el material que los cubría. Ahora es decorativo lo que antaño era una necesidad porque los cordeles que utilizamos en los lomos quedan encastrados en la serradura que se hace en el conjunto de los cuadernillos.

¡En fin! Creo que por hoy ya he cosido suficiente.

Fuentes:

https://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=55497&inventary=CE54339&table=FMUS&museum=MNCIA

PANERA GALLEGO, J. Aguja de hueso del Paleolítico: Los inicios de la confección. Pieza del mes. Ciclo 2002 El atuendo: necesidad y prestigio. Museo Arqueológico Nacional

RODRIGUEZ, E. Un poco de historia sobre las cabezadas. Curso Online: “la cabezada (capitel del libro): vol.1. https://encuadernacionalpoder.blogspot.com/2017/04/historia-de-las-cabezadas-del-libro.html

ACB. Cabezada. Quid est liber: Proyecto de innovación para la docencia en libro antiguo y patrimonio bibliográfico. Universidad Complutense de Madrid. https://www.ucm.es/quidestliber/cabezada